6.00 a.m.
Tomás se despierta luego de una pesadilla atroz que continuaría en su tan particular persecuta de todos los días. A dos cuadras al sur de la iglesia, sobre Paseo Colón, se encuentra él, un muchacho de 26 años, sin laburo, ermitaño, sin aspiraciones a nada…Un tipo solitario, hijo único que recibió una gran herencia de sus padres. No busca más que tranquilidad interna y emocional. Un novato que no cree más allá de lo que ve, perseguido bajo esos escombros de pensamientos que sucumben su cabeza en todo momento. Un ser en busca de su propio beneficio sin importar cuán caro resulte el precio. Sin embargo, cuenta con una particularidad que lo atormenta día y noche. Dentro de esas cuatro paredes donde pasa horas y horas escuchando música variada, escribiendo sus pesares e informándose respecto de lo que acontece por el radiotransmisor, transita por lo peor que le puede suceder a un ser humano: la batalla entre quién vence a quién. ¿El pensamiento constante que lo acosa en todo momento o su forma de actuar ante la vida y sentirse realizado con su paz y bienestar interno?
6.05 a.m.
Después de un breve lapso de inestabilidad emocional, Tomás decide emprender su día rutinario para comenzar la mañana de la mejor manera sin cargas en su cabeza, sin palpitaciones en su pecho, sin punzantes cuchillos dentro suyo. Decide asomar el semblante junto a la ventana para ver que tal está el día (eso modifica mucho su forma de desempeñarse en el transcurso de las horas siguientes). Al asomarse ve el cielo despejado, su cuerpo ya comienza a sentir el accionar del clima que se avecina a tan temprana hora de la mañana, cosa que lo vuelve más inestable aún. Desganado, asfixiado, con una sensación de agresividad intelectual, torna su cuerpo y va camino al baño para tomar una ola refrescante de agua, pero de la canilla no salía ni una condenada gota, algo que lo altera aún más. Comienza a dar vueltas en sí tratando de buscar la respuesta a dicha cuestión. Con su pensamiento a cuestas y presintiendo todo el acontecimiento que se manifiesta a una cuadra y media de su departamento. Enseguida se cambia de ropa, él vive en un tercer piso. Baja rápidamente las escaleras, tan rápido como puede. Su cabeza es un taladro y siguen girando pensamientos extraños que lo sacan de su eje. Llega a planta baja y arremete contra el encargado del edificio, Don Wenceslao Rampida, un viejo de 65 años a punto de jubilarse, carismático y a la vez bonachón.
Tomás: Don Wenceslao, ¿qué mierda pasa que no hay agua en mi departamento?
DW: Hola, Tomás. Buen día, siempre tan expresivo y demostrativo con tu forma de ser.
Tomás: Wenceslao repondeme de una puta vez, ¿qué carajo está pasando?
Luego de un breve lapso de idas y vueltas que concluye en nada, el encargado le responde que el día anterior habían cortado el suministro de agua en todo el edificio. Tildado como quien recibe un ataque repentino, Tomás deduce que se ha quedado casi un día dormido en su habitación.
Éstos psicofármacos son una reverenda cagada, puedo cagarme muriendo que nadie se entera si estoy vivo o muerto dentro de estas cuatro paredes. – Piensa- Mañana urgentemente voy a mi psiquiatra a ver si no me puede cambiar la medicación de inmediato.
DW: ¡Hola, muchachito! ¿Estás acá o en otra dimensión? ¡Hola, hola, hola…!
Tomás da media vuelta sin respuesta alguna, vuelve a su departamento, cierra la puerta de su habitación y se sienta a pensar. Cenizas salen de su cabeza, se desespera, empieza a quedarse sin aire, recoge media pastilla de clonazepam para calmar su ansiedad. Pone el despertador para que no le vuelva a pasar lo que hace un instante y reposa tratando de controlar sus impulsos.10.00 a.m.
El ring del despertador hace que Tomás se despierte bruscamente. Puntada en la cabeza gracias a tan abrupta manera de despertarse. Agarra el despertador y lo tira contra el espejo maldiciendo los siete años de mala suerte que le restan por vivir. Retorna en sí, pone la radio para mantenerse al día con su información cotidiana, gira la perilla del radiotransmisor y una voz extraña le comienza a llamar la atención. Como todo curioso, se detiene para comenzar a escuchar, nunca había escuchado en su jodida vida esa radio. Fija su mirada en el dial… 93.3, 93.5 o algo así.
Escrito por: Emiliano
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