Nos encontramos a menos de quince cuadras de la Iglesia de San Pedro Telmo. Nunca me puse a prestar atención, pero las campanadas llegan hasta acá. El mensaje es débil pero claro: hay gente que va a misa pese a encontrarse en medio del quilombo.
Nuestra "misión" es clara, al menos eso es lo que queremos pensar: tomar la emisora RADIO FEDERAL 93.9 para transmitir desde ahí todo lo que se nos ocurra. Sabíamos que nos esperaba una resistencia, pero nunca pensamos que los propios vecinos iban a ser parte de ella. Lalo, el verdulero amigo de toda mi familia, se encuentra parado en la entrada de la radio como si fuera un Rey Inca. Le veo en la mano, gracias a los binoculares de Ulises, un revólver que seguro tiene más años que él. Pero no importa, podría estar cargado y listo para bajar a alguien. Hasta el momento solamente fichamos a Lalo, podría estar acompañado por amigos o incluso por su familia. Creo que si está la familia con él, vamos a pasarla mal. No queremos más quilombo y lo peor que nos puede pasar es que se metan nenitos en medio del desastre.
Por orden de Ramírez, me encuentro anotando brevemente todo lo que suceda a nuestro alrededor. Quiero aclarar que lo hago porque perdimos las cámaras de filmación digitales a manos de la Brigada Azul (nos sacaron todo, incluso las monedas que teníamos en los bolsillos). El moco se debió a mi culpa, puse como casa válida para dormir el galponcito atrás de la plaza y en medio de la noche se apareció la Brigada. Nadie me recriminó ni me vinieron a gritar, pero yo me siento culpable y tomando estas notas me siento más útil.
Ramírez es bastante capo, sabe algo de estrategia militar. Su tío peleó en las Malvinas y él se devoró desde pibe todos los libros de milicos que pasaron por sus manos. Sostiene que una de las claves para ganar posiciones y perder la menor cantidad de tropa, es llevar la cuenta de todo de la forma más minuciosa posible. Como los demás son demasiado boludos (que se entienda, escriben como el orto), o lentos para escribir con la mano, la tarea recayó sobre este pobre servidor (apenas un estudiante de Edición que se encuentra metido en un bardo fenomenal). Si salgo vivo de acá, quizás esta aventura sirva para hacer un corto, uno nunca sabe.
La idea de Ramírez es que cuando vengan los pibes, lancemos todas las piedras que venimos juntando desde ayer a la mañana. Los pibes tiran desde atrás de la radio, mientras que nosotros apuntamos de frente (o sea, donde está el mayor quilombo, el Lalo). No suena muy sofisticada nuestra estrategia, lo sabemos, pero no tenemos chumbos ni los pensamos usar.
No estoy nervioso, pero sí cagado de calor. El sol está insoportable y el agua potable es cada vez más escasa. En la última casa donde paramos directamente no salía nada por el grifo.
Escrito por: Maxi
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