martes, 11 de octubre de 2011

(6) Una curiosa pareja

Bianca y Alejo son de esas personas que te dan la sensación que nacieron juntas. No es que fueron gemelos o siameses, es que simplemente es imposible separlas.
Bianca se desvive por Alejo, al punto de mirar su cara cada vez que Alejo dice una mala palabra o hace un ruido con su boca. Por otro lado, Alejo es el abuelo que todos quisieramos tener, compinche y dueño de una tranquilidad imposible de copiar. Bianca tiene cinco años más que Alejo, pero eso no la hace más vieja, incluso es en muchas cosas más joven que Alejo (aunque a él no le guste nada reconocer ese pequeño-gran detalle).
Tengo la orden de Ramírez de entrevistar a todos nuestros integrantes. Eso incluye a esta extraña pero simpática pareja. Digo que es extraña porque no parecen estar afectados o asustados, pero tampoco lucen como espías.
Cuando la Brigada Azul decidió quitarles su casa, Bianca no tuvo mayores problemas que recoger las estampitas del "Negro Manuel" y armar su bolso. Alejo tardó mucho menos que eso. La verdad es que ni siquiera dudó, primero guardó sus soldaditos de plástico y luego sus dibujos de tinta (los soldaditos de plomo y las monedas que tenían encima fueron entregadas a la Brigada). Ni un pestaneo de preocupación, nada. Creo que Alejo esperó toda su vida para enfrentar una situación así, casi como esas personas que esperan toda su vida el tren que nunca llega y pasa súbitamente a toda marcha.
Ellos dos pertenecen a una clase de parejas que ya están en extinción, aquellos que se aman pese a las coyunturas y son capaces de hacer frente a todo lo que se venga encima.
Se conocieron en el verano de 1960, un 11 de Marzo, el mismo día que Adolf Eichmann fue sacado de incógnito de Argentina para ser enjuiciado en Israel. Ellos desconocen esos datos, pero no dejan de pintar un escenario sumamente inocente, casi pintoresco: un mundo que se desarrolla a escondidas de todos los presentes, algo imposible en nuestro universo actual.
Su vida transcurrió sin mayores problemas. No tienen hijos y no cuentan con parientes vivos que puedan venir a buscarlos.
Desde que los conozco no pararon de ayudar. Bianca puso manos a la obra en cuanto emprendimiento pasó por su mirada. Nunca escatima elogios para una chica recién llegada. Siempre es la primera en llegar y ponerse a juntar telas, guardar lanas o remendar alguna prenda. Sus manos son hábiles y resultan una prueba viviente que la edad no significa atrofia.
Alejo aporta en su campo. Entretiene a los más chiquitos con sus historias que son una mezcla de fantasía y deseos inconclusos. Una tarde presencié cómo hacía jueguito con una pelota de trapo, para ganarse los ojos de los más jóvenes. Me pueden decir boludo, pero esa tarde sentí que mientras Alejo sea parte de nuestro bando nada puede salir mal.
Los ojos azules de Alejo son enormes, no conozco a nadie que no se quede impresionado por sus ojos. Creo que él lo sabe, por eso baja la mirada al poco tiempo de entablar conversación.
A pedido de Ramírez le pregunté a Alejo si estaba dispuesto a ayudarnos con la toma de la radio. Primero le saqué conversación sobre cualquier cosa, y luego llevé el diálogo hasta las estrategias militares. Pude sacarle datos importantes, cosas que ni el mismo Ramírez debe saber (borrar antes de entregar el escrito). En definitiva, Alejo no quiere ayudarnos en el bardo y prefiere tomar distancia. Está convencido que darnos una mano significa descuidar a Bianca. Ante mi insistencia sólo logré que baje la mirada y se agarre las manos.
Por el momento prefiero no poner sobre el papel la información más jugosa, pero sí quisiera dejar asentado un hecho relativamente importante: la libreta negra de Bianca.
Mientras Bianca se encontraba trabajando con unas costuras, revisé su bolso de mano. Me topé con varias cosas, casi todas sin importancia alguna, pero una libretita negra me llamó poderosamente la atención.
En las primeras hojas de la libreta hay diversas anotaciones, algunas de ellas muy triviales (listas de compras, números de teléfono para pedir comida, etc.). En la mitad del cuadernito aparece la primera mención llamativa:
- Hoy la Brigada llegó a nuestra casa. Ya la esperábamos, así que es mejor pensar en otra cosa y prepararse a que pase el tiempo. Alejo luce calmado, aunque lo conozco demasiado bien para pensar eso. Sus ojos y manos dicen lo contrario. Sorprendentemente, no nos conocieron. Supongo que tuvimos suerte de toparnos con gente joven. Aparte de sacarnos algunas cosas sin valor, no nos hicieron nada y dejaron que nos marchemos a la calle. El primer soplo de aire fresco que tomé en la vereda, me devolvió la vida. Por un momento pensé que estábamos perdidos.
- La primera noche la pasamos en un garage abandonado. El lugar estaba invadido de una humedad terrible, y a la noche fue imposible dormir por culpa del calor. No pensamos que nos costaría tanto adaptarnos a esta situación. No queremos salir del barrio y no es nuestra idea pedir ayuda.Sé que todas mis frases están invadidas de la palabra, y el pensamiento, NO. Es que no puedo pensar de otra forma.
- Estoy segura que Alejo piensa que lo voy a abandonar. Nunca me lo va a decir, pero en sus ojos leo su pensamiento. No pienso abandonarlo, principalmente porque temo por su vida.
- Llegamos a un refugio. La gente es simpática, por ahora nadie sospecha. Si creyera en Dios, ahora sería un buen momento para empezar a rezarle.

El diario no tiene más anotaciones. Ahora viene mi duda (borrar antes de entregar el escrito a Ramírez): ¿le muestro el contenido a Ramírez o espero a ver si Bianca escribe algo más?
Mañana intentaremos tomar la radio, quizás sería mejor esperar un tiempito a ver si se me ocurre alguna idea. Ojalá pudiera saber qué haría Jonás.

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