miércoles, 19 de octubre de 2011

(13) La Primera Palabra

“¿Por qué me ocurren estas cosas, quién soy realmente? ¿Por qué me encuentro entre estas cuatro paredes y no puedo ser normal, ni puedo salir a la calle sin temores que me atormenten?”
Tomás enciende un cigarrillo, traga el humo para calentar sus pulmones y exhala lentamente en su nido de pensamientos.
“Hace días que no como nada, necesito alimentarme, mantenerme con energía, ser fuerte ante esta realidad que me atormenta”
Se aleja de la ventana donde estuvo media hora tildado, baja las escaleras, llega al hall de entrada para poder tomar un poco de aire y encuentra en la columna principal del edificio una nota de la administración:

-Señores propietarios, se solicita su presencia a las 18hs para evacuar ciertos temas que competen y afectan la problemática del edificio.
Atentamente, la Administración-

“Al fin, la condenada reunión. Voy a dar unas vueltas por el barrio y a hacer tiempo hasta la hora prevista”
Coloca su walkman en sus oídos y camina a paso lento, recorriendo el barrio San Telmo.
-Ahora me van a escuchar estos hijos de puta, estoy viviendo como un puerco y pago una expensa extremadamente alta. Lo mínimo que exijo son respuestas, no puedo seguir viviendo rodeado de mierda, oliendo mal en todo momento –murmuraba Tomás mientras mantenía la cabeza baja. La gente a su alrededor lo mira y, ante tal monólogo, comienza a reírse.
¿De qué se ríen especímenes humanos? No saben con quién se están cruzando, pedazos de soretes –increpó Tomás a la muchedumbre que lo rodeaba.
Sumergiéndose nuevamente en su habitual paranoia, Tomás desenfunda de su riñonera su filosa multiuso. Lo que empezó con una amenaza generalizada culminó en un espectáculo grotesco. El joven tajeaba sus brazos frenéticamente.
-¡Así van a quedar, mierditas, así los voy a mutilar uno por uno, no les va a quedar ni la polla para poder procrear! –vociferaba Tomás.
Las incisiones surtieron efecto. Tomás empezó a sentirse mareado y sus ojos empiezan a adormecerse. Las tajadas fueron tan profundas y abruptas que lo obligaron a acelerar sus pasos para volver a su único refugio.
No resultó nada efectivo su patético show, el público aún reía a su alrededor de lo que acababa de suceder.
Tomás ensaya un torniquete con su pañuelo y un palo, pero el resultado es insatisfactorio.
“Nunca, pero nunca, podré ser una persona apta siquiera para salir a dar una vuelta. Estoy sumamente frustrado conmigo mismo ¿Qué es lo que quiero lograr con todo esto realmente? ¡No vas a lograr ganarme esta vez, no!”
En el trayecto de regreso a su casa, toma un suspiro. El torniquete aplicado recientemente apacigua su malestar y comienza a caminar lentamente esperando la hora señalada. Se protege las heridas para que no sean vistas con su remera de mangas largas.
“¿Serán las 6? Me cago en todos los santos, ni un puto reloj de mano tengo. Ma’ sí, yo me mando a ver qué onda.”
Cruza avenida Paseo Colón y se dirige a su edificio, al instante divisa el hall de entrada donde se encontraban reunidos la mayoría de sus vecinos.
El edificio ubicado a la altura de 1200 de Paseo Colón fue remodelado en el 2010, consta de unos diez pisos y tiene una entrada bastante amplia con un hermoso verde, además dispone de un amplio estacionamiento. El precio de los departamentos son extremadamente altos, y las personas que los habitan son muy adineradas.
Tomás se ubicó detrás de toda la muchedumbre de vecinos para escuchar atentamente al administrador.
Con la mirada compenetrada en éste, y en los demás presentes, observaba muchas personas desconocidas. Tenía la sensación de encontrarse en un lugar propio pero ajeno a la vez. La única persona con la que mantenía “contacto” era con el encargado del edificio. Su querido enemigo íntimo no se encontraba allí, detalle que le llamó mucho la atención.
¿Y el viejo Wenceslao?, qué raro que no esté. ¿Dónde mierda andará ese viejo?
A pocos segundos de formular ese pensamiento, Wenceslao comienza a aproximarse hacia el muchacho y con un amable gesto lo saluda.
-¿Qué tal, muchachito? –pregunta Wenceslao.
-Apareciste, viejo. Pensaba que después de aquel episodio que tuvimos en mi departamento, cuando te hiciste el gil por el tema del agua, no ibas a aparecer hoy –contestó Tomás mientras inspeccionaba detenidamente a Wenceslao. Luego de terminar el chequeo, Tomás continuó hablando -cambiando de tema, me siento desorientado acá, veo tanta gente a mí alrededor y no sé quienes son. Clarificame el panorama, viejo. El tono de voz de Tomás era muy tranquilo, casi parecía una persona normal.
-Bueno, desde que estoy trabajando acá y aunque a veces te lleves a las patadas conmigo, voy a comportarme lo más amable posible para no tratar de irritarte. Creo que puedo darte un paneo general de esta gente –contestó Wenceslao, en un tono familiar similar al que utiliza un padre cuando quiere comunicarse con su hijo pródigo.

Ni bien terminó Wenceslao de pronunciar la palabra “gente”, inmediatamente irrumpió la voz de Hernán Gutiérrez, el Administrador.

-Buenas tardes, vecinos. Antes que alguien tome la primera palabra quería informarles sobre las cosas que estuvieron aconteciendo últimamente tanto en este edificio como en tantos otros que estoy administrando en el barrio. Todos están sufriendo escasez de agua o directamente falta total del suministro. Llevamos los reclamos a Aysa pero no recibimos respuesta alguna. Les aseguro que estamos tratando de encarar el tema lo mejor posible para que en corto plazo vuelvan a suministrarle a todos el agua –el Administrador daba su discurso de una manera ordenada.

Las miradas de los vecinos, incluyendo a Tomás, oscilaban entre la desorientación y la bronca acumulada durante varios días, debido a tanta inoperancia por parte de Aysa como de Hernán.
El sentimiento generalizado de bronca lleva a uno de los vecinos a dar el primer paso frente a todos.
- Hernán, con el respeto que te merecés, y hablo por mí, no por el resto, pero quiero decir que estoy harto de no tener agua desde hace varios días. Ya no sé cómo ir a mi trabajo, voy diariamente a la casa de un amigo para poder darme un baño. No se tolera más vivir de esta manera –explicó un vecino indignado.
Tomás, en forma silenciosa, observaba detenidamente cada gesto del Administrador. Deseaba, ante la mínima reacción, poder saltarle a la yugular como un vampiro hambriento.
-Entiendo su preocupación, pero estamos tratando de actuar de la mejor forma para que puedan retornar a su vida normal cuanto antes –se anticipó en contestar el Administrador.
Tomás, al escuchar el último “sermón” por parte de Hernán, no aguantó más y manifestó su forma de pensar de la forma más abrupta posible -¿Retornar a la vida normal? ¡Cómo se nota que no estás en el edificio! ¡Sorete! Acá estamos bañados pero en mierda, mi casa es una fábrica de excremento, están empezando a salir hongos por las paredes, cada día hay un nuevo problema y nadie se hace responsable. ¡Si no es la mierda, son las ratas, si no son las ratas, es mi escroto hediondo y a eso sumale el calor insoportable! Exijo que ya me des respuestas, si no voy a empezar a tomar cartas en el asunto.
Wenceslao trataba de calmarlo. No comprendía que de un segundo a otro, de estar hablando en “buenos términos” con Tomás, éste empezará a hervir en odio.
-Tranquilo, tranquilo, no estamos acá para insultarnos. No sé el motivo, pero varios edificios y negocios a la redonda están pasando por la misma situación. De ahora en mas tratemos de estar en calma, ya sé que es una situación difícil. Les aseguro que estamos haciendo todo lo humanamente posible para solucionar este conflicto. No hay un día que no llamemos a Aysa para obtener una solución, pero por el momento no podemos asegurar cuándo volverá el suministro de agua. Eso sí, les vuelvo a repetir algo: no son ustedes los únicos afectados por cortes de agua potable –Hernán trató de ingeniárselas para calmar la situación. Cuando observó que estaba logrando su propósito, se pasó una mano por el cabello.
Los vecinos optaron por el silencio. Si bien querían llegar a una solución lo más pronto posible, al escuchar las palabras del Administrador se resignaron y esperaron a obtener nuevas noticias. Ninguno de los presentes estaba dispuesto a llevar las riendas del asunto, ni mucho menos a ponerse a confrontar con el Administrador.
De inmediato, y notando el silencio de todos los vecinos, Hernán se retiró repitiéndoles a todos -quédense tranquilos, buscaré un plazo específico para que puedan volver a contar con el suministro.

Escrito por: Emiliano

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