-Bueno, según tus palabras, estaría todo encaminándose. Empiezo a comunicarlo y vamos para adelante- se lo escuchó confiado al padre Tomás.
-A ver, yo sé que vos jugás para nosotros, por eso te lo cuento, el tema es que no sé hasta qué punto te conviene transformarte en un comunicador. Sabés perfectamente que la Iglesia no va a estar de nuestro lado, lo que te pone en una posición arriesgada, como mínimo- contestó Ponce.
-Dejame de joder, Oscar. ¿Vos te pensás que yo elegí ser curita porque creo en Dios nada más? A mí me chupa un huevo lo que piense el Obispado, yo acá, en mi barrio, ayudo a la gente. No me cago en los fieles como muchos otros, yo les doy contención y una mano en lo que puedo. Organizo peñas, comedores, merenderos, esto no es un juego para mí. Yo tomo posición y me la juego, porque creo que es lo correcto, porque tengo las bolas llenas de ver esta mierda en lo que se transformó la gente- la voz del cura llegaba al altar y de haberse dado la charla 15 minutos más tarde lo hubiesen escuchado todos.
-Ok, como vos elijas, yo pensaba que podías ser útil también desde las sombras, pero bueno. Sabés que contás con nosotros para lo que sea. Yo le voy a avisar a Ramírez y, si te parece, paso más tarde con alguna otra noticia. Eso sí, si no vengo, no me llames al celu ni a casa. Tenemos que ir tomando recaudos, por si nos intervienen los teléfonos. Bah, ya debemos estar más fichados que nadie, pero por lo menos para que no sepan las movidas.
-Listo, yo comunico todo en la próxima misa y cierro la iglesia. Si quieren la pueden usar como base o como refugio para quien lo necesite.
Los hombres se abrazaron fuerte en una despedida que más bien parecía una bienvenida.
El padre, feliz y lleno de ideas, soltó una sonrisa cuando, por costumbre, comenzaba a preparar las cosas para la misa.
–Hoy no es día para el Señor- se dijo.
Escrito por: Matías.
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