“…estos salvajes no tienen leyes ni fe y viven en armonía con la naturaleza. Entre ellos no existe la propiedad privada, porque todo es comunal. No tienen fronteras ni reinos, ni provincias ¡y no tienen rey! No obedecen a nadie, cada uno es dueño y señor de sí mismo. Son un pueblo muy prolífico, pero no tienen herederos porque no tienen propiedades.”
Américo Vespucio (Cartas)
-Buenos días, padre. Le dejo a Franco y a Damián.
- Hola, Sonia. Gracias, igual hoy no los voy a necesitar. No porque no sean unos magníficos monaguillos sino porque hoy no haremos la misa habitual.
-¿Por? ¿Pasó algo? No me diga nada, se insoló de nuevo.
-No es eso, no te preocupes. Simplemente quiero usar el espacio de la misa para comunicarle algo a la gente del barrio. De todas formas, quiero que te enteres junto con los demás asique te veo en un ratito.
-Sssi, claro.
-Una cosa más, Sonia. Te pido que me hagas el favor de avisarles a los chicos del coro y a Fabián que se ubiquen en los bancos.
Quizás fueron las charlas sobre los 35 grados, quizás fue el tradicional murmullo que precede a la misa, quizás fue la forma autómata de comportarse ante toda rutina o, simplemente, no había nada que advertir mientras nadie se viera afectado. Los laicos jamás notaron la presencia del padre Tomás, desprovisto de alba, sotana y estola, de pie frente altar, de frente a Jesús crucificado.
Mariano, por su ubicación, lo reconoció primero. Veintiocho segundos tardó en avisarle al resto.
El silencio dio vuelta al cura, sus manos seguían a la vista de Jesús.
-Buenos días a todos. Como verán, no es un domingo como cualquier otro.
Las ovejas no entendieron.
-Bien, voy a tratar de ser lo más claro posible. Hoy no voy a dar la misa porque tengo algo que comunicarles y me parece que, dado el tema que quiero abordar, no corresponde que lo haga en el marco de la ceremonia.
El pastor hablaba con calma.
-Como muchos de ustedes deben notar, el barrio viene siendo afectado por varios inconvenientes. Hablábamos el domingo pasado, tras terminar la misa, sobre los cortes de agua, las caras nuevas, los disparos durante las noches y otros temas. Bueno, quiero contarles que muchos de estos hechos no son aislados ni azarosos. Hace casi siete meses existe una situación de la cual no pude hacerlos parte hasta el día de hoy. Permítanme corregirme, ustedes ya son parte, fueron parte desde un principio, pero hoy es el día en el que serán conscientes de su rol.
Las ovejas escuchaban, procesaban, razonaban. Seguían sin entender.
-Como les decía, hace siete meses un grupo de vecinos comenzó a delinear las bases de un movimiento organizado con el objetivo de refundar lo que hoy llamamos San Telmo. Para ser más preciso, lo que hoy llamamos Buenos Aires. Yo, como cabeza de esta iglesia, vengo ayudando al movimiento en algunas cuestiones y mi idea es continuar con esa misión. Quiero serles completamente sincero, la realidad es que no es, ni será, un movimiento bien recibido ni por las autoridades institucionales ni por muchos de ustedes. Sin embargo, como parte del movimiento y como su sacerdote tengo la obligación de decirles que en no más de quince días el barrio que conocen no será lo mismo.
Y la primera oveja baló.
-¿Pero qué es toda esta incoherencia, padre? ¿Puede ser un poco más específico, por favor?- pregunto, sin perder las formas, el más pulcro de todos.
-No puedo ser muy específico, Ricardo. Lo que si voy a hacer es contarles algunas de las cosas que van a comenzar a suceder en estos días. Básicamente para que ustedes tomen las decisiones que les parezcan más convenientes para sus vidas y las de sus familias.
Cuán difícil debe haber sido para las ovejas reconocer a su pastor predicar en un tono diferente.
-A partir de esta noche, muchos de ustedes recibirán la visita de integrantes del movimiento que les explicarán cuáles son los objetivos y las razones de la organización. Pueden ser visitas sorpresivas o comunicados en lugares en donde no se llame la atención. Como ya se deben imaginar, este movimiento no responde a las leyes que conocemos por lo que el modo de operar es discreto, por decirlo de alguna manera.
El más pulcro de todos insistió.
-¿Pero qué clase de locura es está? ¿Está enterada la policía de esto?
-A ver, digamos que sí. Es decir, la policía y el Gobierno de la Ciudad, gracias a su servicio de inteligencia ilegal, saben de cierto grupo que atenta contra el orden. Lo que no conocen es la magnitud de esto y, mucho menos, los fundamentos y objetivos. Pero, como les decía antes, no voy a explayarme en esas cuestiones. Ustedes sabrán lo que quieran saber pero en otra ocasión, cuando pueda afectarlos.
Una oveja gorda se preocupó por su cría.
-Padre, no entiendo, ¿es para asustarse esto o no?
-Rita, te pregunto de corazón, ¿la vida de hoy no te da miedo? ¿O acaso pensás que en tu privacidad estas fuera de peligro? El temor es parte de nuestras vidas y nuestra idea es combatirlo. Este movimiento apunta a mucho más que cuestiones materiales. Este movimiento busca la paz, el amor, el bienestar interior, la raíz de nuestra identidad. Jamás iríamos contra los inocentes, es por eso que cada persona que tome contacto con el movimiento tendrá su oportunidad de elegir de qué lado estar. Eso sí, pensamos que no hay tiempo para grises. Miles y miles de años de abnegación hicieron de nosotros lo que somos, y cuando digo nosotros los estoy incluyendo. A partir de ahora avanzamos sin que nos tiemble el pulso. Con perdón de la expresión, quien tenga las pelotas para luchar por algo que vale la pena es bienvenido y quien no, que empiece a hacer las valijas.
Y una se descarrió del rebaño.
-No, esto es una locura. Resulta que vengo con mi familia a la misa y me encuentro con este discurso proselitista y con una amenaza de mala muerte de un cura rebelde. Le digo una cosa, Tomás, me voy directo a la comisaría porque, por más que esto sea un invento, usted merece estar preso por amenazas. Y mañana voy a llevar esto a sus autoridades.
-Señores, ustedes pueden hacer los que les parezca. Creo que cumplí con mi objetivo. De todas formas quiero que quede en claro una cosa. Nosotros vamos a luchar por todos y esperamos que nos ayuden. Esto no es una amenaza ni nada parecido, mi obligación, por el cariño de tantos años, es ponerlos al tanto de la situación. Obviamente no van a haber más misas, mi edificio estará a disposición de las actividades que le competen al movimiento y a sus integrantes. Les pido por favor que le comuniquen a todos los vecinos que conozcan lo poco que aquí pude contarles.
El silencio giró nuevamente al cura. El padre Tomás observó por última vez al Jesús muerto antes de dirigirse a la sala ubicada detrás del altar.
Escrito por: Matías
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